07-09-2009,
Crítica Literaria,
PSE-EE Getxo,
El escritor getxotarra imprime, en la atmósfera del conjunto de su obra literaria,
la necesidad de Justicia y Libertad para todos los seres humanos.
El escritor Ramiro Pinilla, nacido en Bilbao en 1923 y residente en Getxo, ganó
en 1960 el Premio Nadal con la novela “Las ciegas hormigas”; en 1971 fue finalista
del Premio Planeta con Seno, premio -por cierto- que ganó Gironella. En 2005 Pinilla
logra un gran éxito editorial con la trilogía “Verdes valles, colinas rojas”, compuesta
por las novelas “La tierra convulsa”,” Los cuerpos desnudos” y “Las cenizas del
hierro”. Trilogía que le supuso aquel año dos merecimientos: el Premio Euskadi 2005
y el Premio Nacional de la Crítica. En La tierra convulsa Pinilla lleva a cabo una
representación del paso del hombre sobre la Tierra; no del vasco: del hombre; y
ello mediante la saga de los Baskardo de Getxo, que es la protagonista. En las otras
dos que conforman la trilogía, el escritor vasco se centra en el poder; poder siempre
en manos del nacionalismo. El autor en estos trabajos expone cómo la historia oficial
sólo habla de caseríos, tradición, romerías, pero jamás se mencionan las minas con
la crudeza que la realidad exige. Habla de la explotación obrera por parte del mundo
nacionalista y capitalista, que para Ramiro vienen a ser lo mismo. El escritor ha
querido que el lector se empapara de estos aspectos.
Tras completar su monumental trilogía Verdes valles, colinas rojas, publicó “La
higuera”, trabajo en el que rememora la etapa en que las tropas franquistas entran
en Getxo, durante la Guerra Civil, y unos falangistas matan al maestro ante la mirada
de su hijo. La novela es la relación de este chico, a medida que crece, con uno
de los falangistas. Pero en cualquier caso, lo asombroso de Pinilla es que no acepta
presiones ideológicas ni busca el reconocimiento de forma desesperada. A sus 86
años mantiene una creatividad tan intensa que este mismo año ha publicado sus dos
últimos –por ahora- trabajos: “Sólo un muerto más” y “Partes de guerra”. Es un autor
que, a pesar de su enorme trayectoria literaria, ha estado más de treinta años escribiendo
en un olvido casi absoluto. Además, este escritor vasco no deja indiferente a nadie.
En efecto, sobre él Iñaki Anasagasti afirmaba que “ (…) en la cultura vasca hay
gentes que, independiente de su valía artística, son unos auténticos petardos. Gentes
que con su antipatía afilada siempre logran lo contrario de lo que buscan. (…) Sus
libros son unos auténticos rollazos imposibles de leer, (…)”. Preferimos creer que
esta consideración del político nacionalista sobre la obra del escritor no se refiere
a la calidad del trabajo literario de éste sino a lo que el escritor expone sobre
el nacionalismo. El escritor vasco no se considera nacionalista, pero tampoco antinacionalista.
Pinilla no ha podido elaborar su tarea literaria sin ponerse en el lugar del otro,
aunque, en efecto, hubiese deseado trabajar por que el nacionalismo no existiera.
Para el autor vasco todo se deriva de una hermosa palabra: LIBERTAD, que es la que
imprime la atmósfera de todos los episodios de su extensa obra. Y la verdadera libertad
significa soledad, anchura, falta de coacciones externas y de toda acechanza. Pero
con el tiempo ha habido una degeneración de ese concepto.